ARQUITECTURA DEL CUIDADO: ASÍ CONSTRUIMOS SAIN KAII
SAIN KAII: EL COLEGIO Y TALLER QUE CONSTRUIMOS JUNTO A LA COMUNIDAD WAYUU
CUANDO EL OFICIO SE CONVIERTE EN REFUGIO, Y EL CUIDADO EN DISEÑO
En el desierto de La Guajira, donde la arena se extiende como un mar inmóvil y el sol marca el ritmo de los días, nació Sain Kaii.
En Wajunaki, la lengua de la comunidad Wayuu, su nombre significa “el lugar donde nace el sol”. Y aunque por mucho tiempo ese lugar no existía, siempre había hecho falta.
Todo comenzó en 2020, cuando desde El Dorado Edit unimos fuerzas con la Ibu Foundation, una organización sin ánimo de lucro con sede en Charleston dedicada a fortalecer a mujeres artesanas alrededor del mundo.
En uno de nuestros encuentros surgió la idea de llevar baños secos a comunidades Wayuu, como una forma de responder a una necesidad urgente en una región profundamente afectada por la sequía.
El proyecto fue aprobado y nos llevó hasta Arema, una comunidad ubicada a cinco horas del centro urbano más cercano, atravesando un desierto sin señales ni caminos marcados.
Allí, en medio de una Yanama —la asamblea tradicional donde se decide el rumbo colectivo— presentamos la propuesta. Fue aceptada. Pero lo más importante vino después.
Pasamos semanas compartiendo los días con las mujeres de la comunidad. Caminamos con ellas, tejimos a su lado, escuchamos sus historias. Y solo cuando hubo confianza, surgió una verdad más profunda. Una mujer lo dijo con claridad:
“Podemos ir donde siempre hemos ido. Lo que de verdad necesitamos es un techo.”
Un espacio donde tejer.
Un lugar donde esperar mientras sus hijos están en la escuela.
Un refugio.
Ellas llevaban a sus hijos a la escuela caminando durante más de una hora cada mañana. No tenían tiempo de regresar a casa antes de volver a recogerlos. Así que se quedaban allí, cerca de la escuela, bajo el sol, sentadas en la arena, tejiendo. A falta de sombra, el suelo era su banco de trabajo.
Un taller no era un lujo. Era una necesidad concreta. Un refugio. Un gesto de dignidad.
Fue entonces cuando el proyecto cambió de forma.
Llamamos a la arquitecta Juliana Ramírez, fundadora del estudio Bosque Arquitectura, y junto a ella repensamos el diseño desde los principios de la arquitectura vernácula: construir con los saberes y materiales del lugar, respetando su clima, sus ritmos y sus memorias. La estructura se diseñó a partir del yotojoro, la fibra interna del cactus, una técnica ancestral que los Wayuu habían utilizado durante generaciones para levantar sus viviendas.
Lo que nació como un gesto de apoyo, se convirtió en un proceso de co-creación. La comunidad participó en cada etapa del proyecto. Aportaron más del 50% de los materiales y de la mano de obra. Lo que estaba destinado a ser un simple taller, terminó por duplicar su alcance.
Cuando la estructura estuvo terminada, las mujeres plantearon una nueva pregunta:
“¿Cómo vamos a permitir que nuestros hijos estudien en un lugar más precario que donde nosotras trabajamos?”
Así, con los mismos saberes, materiales y manos, construyeron una escuela. Tres salones de clase. Una guardería. Un nuevo horizonte.
En ese proceso emergió también una voz joven y potente: Chefa, una líder Wayuu que se convirtió en puente entre generaciones. Docente local y estudiante en formación, Chefa asumió el rol de acompañar, articular y representar. Su misión es clara: llevar la voz de su comunidad al mundo, sin intermediarios ni traducciones.
(Meses después, Chefa viajó con nosotros a Charleston para participar en una charla y evento donde presentamos el proyecto. Fue su primer vuelo, su primera salida del país, su primera vez contando su historia en un escenario internacional. Pero esa, será otra historia.)
📍 Muy pronto contaremos esa segunda parte.
HOY SAIN KAII SIGUE MÁS VIVO QUE NUCA.
El espacio es usado activamente por más de 49 mujeres, quienes lo han convertido en su taller diario. Y la escuela, que alguna vez fue apenas un plano, ya ha visto graduarse a su primera generación de estudiantes de primaria.
Lo que comenzó con una conversación se transformó en arquitectura.
Lo que se levantó como refugio, floreció como comunidad.
Y lo que parecía una estructura más, se volvió un símbolo de autonomía.
Esto es lo que sucede cuando se escucha.
Cuando se construye con, no para.
Cuando el tejido artesanal encuentra su raíz en la arquitectura y su voz en la comunidad.
1 Comentario
This is so wonderful to see. We are so grateful that so many are benefiting from this project! Well done! 💕💕💕